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Recordamos esta entrevista de Kekuni Minton, fundador y docente del Sensorimotor Psychotherapy Institute® (SPI), para La Contra de La Vanguardia, realizada el 24/10/2016, por Víctor-M. Amela.

El mal en el cuerpo

Las revelaciones de Kekuni Minton me han dejado con la boca abierta: no esperaba oír que la mera estampa de Trump fuese tan dañina. Reaviva en millones de cuerpos el almacenado dolor de remotos abusos traumáticos. De personas que viven escindidas por no sufrir. Pero el mal aflorará en sus cuerpos. Y, a su vez, pueden dañar a otros. Una cadena del mal que sólo se truncará ocupándonos cada uno de sanar lo nuestro… Kekuni Minton, que estudia también los traumas del pueblo hawaiano –su ascendencia–, me explica que en los grupos y las naciones también afloran traumas almacenados: como las personas, juegan a escindirse de sí mismas por no afrontarlos y sanarlos.

Kekuni Minton, psicoterapeuta sensoriomotriz

Tengo 61 años. Nací en Chicago y vivo en Colorado. Soy cofundador de Instituto de Psicoterapia Sensoriomotriz. Estoy casado y tengo una hija. ¿ Política? Ojalá pierda Donald Trump: ¡está reac­ti­van­do shocks postraumáticos de millones de personas! Creo en la superación personal.

Terapia sensoriomotriz: ¿qué es eso?

Todo lo que nos sucede desde niños queda memorizado en el cuerpo, y…

¿Todo?

En particular, los sucesos traumáticos.

¿Qué tipo de sucesos?

Violencia sexual. Palizas. Abandonos. Abusos de todo tipo, físicos o psíquicos, apegos patológicos… Y el cuerpo los almacena, los memoriza. Y aflorarán, delatándolos.

¿Cómo? ¿Qué parte del cuerpo?

La postura corporal misma. O cierto tic o espasmo, o una agitación repentina, una sudoración, una taquicardia inesperada, una hiperventilación, un ataque de pánico, un retortijón, parálisis… Hay mil manifestaciones físicas de viejos desarreglos psíquicos.

¿Y tiene arreglo?

Sí. La terapia sensoriomotriz accede a ese trauma emocional a través del síntoma físico…, hasta repararlo a partir del cuerpo.

Llego como paciente: ¿qué hace usted?

Te observo: tu cuerpo habla. Tu cuerpo dice lo que no has sido capaz de verbalizar.

Cuénteme un caso real.

Una mujer padecía esporádicos dolores en el pubis. Su memoria no recordaba nada, pero mediante ejercicios de relajación… se vio a los cinco años con su padre encima de ella.

Abuso sexual paterno.

Ella no lo recordaba, su mente le protegía de aquel dolor…, ¡pero su cuerpo lo delataba ante ciertas situaciones sexuales!

Eso puede arruinar una vida…

Lo sé. A los 17 años yo era un chico sano y feliz. Durante un viaje a Escocia fui secuestrado en un coche por un hombre. Me llevó a un bosque y abusó sexualmente de mí.

Buf.

Desde entonces me dominó una agitación invivible, una hiperactivación: era hiperactivo, padecía ataques de pánico, estaba tenso, me costaba dormir…

¿Qué hizo?

Empecé a beber alcohol, mi autoestima se desmoronó…

Qué putada.

Fóbico con el sexo, confuso y dudoso de mi heterosexualidad, ingresé en un monasterio de meditación zen consagrado al celibato…

¿Le fue bien?

Estuve allí once años, practicando meditación casi todas las horas de todos los días…

¡Once años!

Y aprendí a disociarme de mi cuerpo: entregarme a ejercicios espirituales era un modo de protegerme. Pero mis piernas, tan forzadas a la postura del loto, enfermaron…

¡Encima!

Tuve que salir del monasterio para tratarme. Y fuera de aquella burbuja…, ¡recaí en mi estado anterior! Decidí dejar de refugiarme, entendí que necesitaba ayuda.

¿Quién le ayudó?

Pat Otgen, una psicoterapeuta estudiosa de las conexiones entre cuerpo y trauma emocional. Siete años de terapia sensoriomotriz me devolvieron mi cuerpo, mi vida.

¿Qué quiere decir?

Mis síntomas físicos se desvanecieron y pude ya vivir sin disociarme, pude relacionarme sin miedo, tener experiencias sexuales gozosas, casarme, ¡reintegrarme al mundo!

Y convertirse en psicoterapeuta, veo.

Ayudo al paciente a sentir su cuerpo mediante una atención plena ( mindfulness), a identificar cada ínfima reacción física y a procesarlas hasta sanar el trauma.

¿Cómo se procesan esas reacciones?

Existe un miedo oculto, y se dispara ante ciertos estímulos externos, expresándose corporalmente: desvelada esa conexión, podemos ejercitarnos para que dicho estímulo deje de revivir el pavor y la reacción física.

Y curado.

Sí, pero lo tremendo es que miles de personas arrastren traumas que inhabilitan su vida plena. Acabamos de constatarlo en Estados Unidos tras el segundo debate televisado entre Donald Trump y Hillary Clinton…

¿Qué tiene eso que ver con…?

Ver a Trump ha provocado que millones de personas padezcan malestares corporales claramente fóbicos, postraumáticos.

¿Habla en serio?

¡Sí! Su despectiva forma de mirar, su postura intimidatoria, su caminar de predador sexual tras la espalda de Hillary… ¡ha detonado y reavivado traumas de personas abusadas, con síntomas físicos!

¿Millones de personas, dice?

Durante los tres días siguientes al debate lanzamos al país esta petición: “Relatadnos la primera vez que fuisteis abusados sexualmente”…, ¡y han contestado 27 millones de personas! Porque Donald Trump ha sido un estímulo reactivo para ellos.

Y el cuerpo de Trump, ¿qué delata?

Un padre racista y abusón al que admiró y anhela emular. Su cuerpo encarna el poder abusivo del wasp (blanco anglosajón protestante) que hoy pierde hegemonía y por lo que se solivianta rabiosamente.

Es a su vez, por tanto, otra reacción sensoriomotriz…

Por eso a tantos policías blancos se les va el dedo al gatillo ante un negro… Esa reacción es incontrolable, su cuerpo almacena algún viejo trauma oculto y no tratado.